08 noviembre, 2013

Cómo nos engancharon los gigantes de la industria alimentaria



Recientemente Michael Moss escribió un libro sobre cómo la industria alimentaria consiguió y consigue vender tantos productos con demasiada sal, azúcar y grasas. Este es el título de su libro (en inglés Salt sugar fat) con el subtítulo "Cómo los gigantes de la industria alimentaria lograron engancharnos".

El libro se basa en testimonios de ex directivos y científicos, en documentos filtrados y en un gran número de publicaciones y da una imagen objetiva y escalofriante de la realidad que nos rodea. Se resume en que las grandes empresas nos han enganchado a una "comida" fácil, disponible y barata pero basura o chatarra.

Escribe Hubert Linders, de CI

Los "alimentos" que en la actualidad se venden en abundancia en los supermercados, quioscos y otros lugares no se parecen en nada a lo que se ofrecía hace unos cien años, aunque se refieran por ejemplo a las "recetas de la abuela".

Diferentes empresas desarrollaron en sus propios laboratorios productos en que optimizaron las cantidades de azúcar, sal y grasa hasta llegar a la punta de la felicidad (el llamado "bliss point") donde uno solamente quiere comer más.

A nadie le gustan salchichas demasiado saladas o galletas muy dulces. La nueva industria alimentaria, con grupos de consumidores para comprobar qué producto sabe mejor, llegó a la producción de alimentos "óptimos". Óptimos para vender, porque este es al final el objetivo de estas empresas. No quieren que los consumidores se enfermen de obesidad, diabetes, hipertensión, etc. sino vender la mayor cantidad posible con las máximas ganancias.

En este contexto, el "marketing" o la publicidad es indispensable y podría haber sido agregado al título del libro como el cuarto componente. El inmenso poder de la publicidad omnipresente hace que los consumidores casi no puedan escapar de los productos con sus marcas conocidas, aparte de la concentración enorme de estas empresas.

Mira aquí las 10 mayores compañías de alimentos

Vivimos en un ambiente obesogénico porque todo lleva a comer más azúcar, sal, grasa y calorías.

El acoso

Usan técnicas sutiles, combinando productos, agrandando envases, extendiendo líneas de productos, agregando pequeños regalitos, promociones con celebridades de la farándula y deportes o las caricaturas para enganchar especialmente los niños que a su vez "convencen" sus padres hasta a gritos y patadas para comprar estos alimentos.

Están también dentro de las escuelas con sus maquinas vendedoras y hasta en los libros de texto o en las canales de televisión educativa. Están en los parques de diversión, donde uno tiene prohibido traer su propia comida y por obligación tiene que comer papas fritas y bebidas. Patrocinan eventos de deportes (copas internacionales de futbol, juegos olímpicos), conciertos de estrellas de rock, pop o música clásica y utilizan el "product placement" (posicionar productos casualmente) en teleseries y películas, redes sociales y hasta desarrollan sus videojuegos. Todo esto para convertirnos en consumidores leales a sus marcas y sus productos.

El libro que comento en este blog se está traduciendo en varios idiomas (entre ellos, español y portugués), lo que puede servir para abrir los ojos a los consumidores en nuestra región y sensibilizarnos sobre este tema que resulta en una verdadera epidemia de obesidad y enfermedades crónicas relacionadas, las que son hoy la primera causa de muerte. Según la Organización Mundial de Salud, la región de las Américas es la que tiene más sobrepeso y obesidad en el mundo.

Con su publicidad agresiva, las empresas están apuntando a mercados nuevos y todavía no saturados donde aún puedan crecer, afectando no solamente a la población infantil sino también a consumidores con bajos recursos y niveles de educación, sobre todo a las mujeres.


¿Qué pueden hacer los consumidores?

Un médico de la OPS llegó a decir "si un producto, porque ya no lo veo como alimento, viene en un paquete o caja, NO lo compres". Hay que concientizarse acerca del problema, evitar los productos con mucha azúcar, sal y grasa y leer las etiquetas nutricionales. Mira esta gráfica.

Hazte espacio para comprar frutas y verduras frescas y preparar tu propia comida. Evita beber refrescos o bebidas azucaradas (también leches saborizadas, jugos “naturales"). Bebidas "light" o "zero" no son mejores; tienen edulcorantes artificiales. Reemplaza la sal por aliños y hierbas naturales (ojo: sal de mar es igual de dañina que la sal común y corriente). Come menos carne (procesada, cecina, roja y de pollo); no solamente por la grasa y la sal sino también por las hormonas y antibióticos que se utilizan para su crecimiento. Y haz ejercicio, si es posible ½ hora cada día. Por ejemplo, evita el ascensor y toma las escaleras.

Asegúrate de que tus hijos coman variado y bien y luchen para que no les vendan "comida chatarra" en sus escuelas.

No es fácil al principio hacer el cambio, pero para las personas a quienes les falta el tiempo o los recursos, recuerda que lo que es barato ahora, les puede costar caro en unos años cuando posiblemente padecen enfermedades crónicas que requieren su control con medicinas por el resto de su vida.

Consumers International y nuestras organizaciones miembros estamos promoviendo políticas públicas para facilitar que todos los consumidores tengan acceso a y puedan elegir alimentos para una dieta saludable.