09 octubre, 2012

¿Pueden enseñar algo los consumidores a los electores?

La llegada de millones de consumidores al mercado de consumo no es sólo una oportunidad económica para el país. Últimamente, también ha demostrado ser una oportunidad electoral. Y es natural que así sea: cualquier marquetero político sabe que un candidato necesita una bandera lo suficientemente grande como para llegar al máximo de electores. Y si se trata de la segunda vuelta electoral, esto es un triunfo inestimable.

El análisis es de Fulvio Giannella C. Jr. (en la foto), Coordinador Ejecutivo del Instituto Brasileño de Defensa del Consumidor (Idec) y Carlos Thadeu de Oliveira, Gerente Técnico de Idec *



Es cierto que el consumidor no es una entidad nueva, pero también es un hecho que el elector ya no es una entidad que sienta un fuerte llamado a participar en las elecciones; son generalizados el descrédito en la política y la idea de poner fin a la obligatoriedad del voto.

Nos guste o no, muchas personas se identifican y son identificadas más como consumidores que como cualquier otra categoría social o económica y, oportunamente, como electores, ciudadanos, etc. Dado que no se trata de una cosa u otra, sino todo junto, caben algunos enlaces respecto a las elecciones. Esto es aún más necesario cuando las principales fuerzas político-electorales pierden sus banderas típicas y buena parte de su electorado. Lo que queda, entonces, es al parecer demasiado genérico y susceptible de apropiación por cualquiera.

La verdadera lucha por la protección y la defensa de los consumidores no tiene dueño, credo, raza o partido, sino método, ética, responsabilidad y compromiso. Para que ella participe en una elección, se tiene que acarrear todo esto y traducir en contenidos programáticos de una candidatura.

La Plataforma de los Consumidores

En este sentido, Idec, junto con las demás entidades del FNECDC (Foro Nacional de Entidades Civiles de Defensa del Consumidor), lanzó recientemente la Plataforma de los Consumidores para las Elecciones Municipales de 2012, disponible en la página web del instituto.

Se trata de un conjunto de reivindicaciones abiertas a la adhesión de cualquier candidato mayoritario del país, pero que exige de los postulantes a las prefecturas compromisos más sólidos con la ciudadanía que la simple resolución puntual y fugaz de problemas individuales o intercambio de favores. No es una propuesta de Procon personal y tampoco una invitación a afiliarse.

Además de tratar de rescatar el contenido político específico, la Plataforma también pretende reducir el espacio para viejas formas de la política brasileña, el clientelismo, el patrimonialismo y el populismo. Esas figuras, ahora también despuntan en contextos democráticos, son la antítesis de la democracia porque socavan sus cimientos: los valores de la igualdad, la libertad, la impersonalidad y los valores republicanos.

La vieja política

El clientelismo ocurre cuando existe una relación de intercambio sin igualdad entre las partes, y sin la libertad de al menos una de ellas que se somete a la otra porque tiene menos poder; el patrimonialismo confunde las relaciones personales y privadas con las normas públicas, corrompiendo al Estado y los individuos, y el populismo destruye las construcciones sociales y políticas, ya que busca establecer una relación sin mediación alguna entre el líder y sus seguidores.

Las experiencias históricas en Brasil y en todo el mundo, que dieron voz a estos fenómenos, casi siempre terminaron en desastre. Por lo tanto, la protección y la defensa de los consumidores no se pueden hacer de cualquier manera.

Aunque tenemos grandes problemas que superar, esta lucha pasa por la garantía del ejercicio de los derechos individuales y también colectivos. Pasa por la crítica, pero también por la mejora de las instituciones públicas de defensa de los consumidores (Secretaría Nacional del Consumidor, Procons , policía especializada), de las instituciones complementarias (defensorías, ministerios públicos, agencias reguladoras), de las organizaciones de la sociedad civil (todavía débiles e indefensas) y también de las empresas privadas.

Independencia

Vivimos grandes problemas con esas instituciones y el así llamado "mercado", pero no se ha inventado aún ningún modelo mejor para defender a los consumidores sino estableciendo relaciones de diálogo y también de vigilancia entre ellas.

Este camino no es fácil ni inmediato: hay que escuchar e informar a los consumidores, recoger datos, investigar, proponer mejoras en la regulación, movilizar acciones colectivas e individuales, presionar a los tres poderes, ir a los tribunales, promover campañas, fiscalizar productos y servicios, en fin , actuar en todos esos frentes al mismo tiempo.

En época de elecciones, el camino es particularmente difícil para las entidades civiles de defensa del consumidor: tienen que distanciarse de campañas específicas, preservando lo que debe ser su mayor valor: la independencia política. Sus miembros, como corresponde en una democracia, pueden participar en campañas y hasta candidatearse, pero nunca acarreando a sus organizaciones a la aventura electoral. Tienen que elegir entre una cosa u otra.

Que en este tiempo especial, los electores -tan desilusionados y desesperanzados por el futuro-, rescaten al consumidor que tienen dentro: lo barato de hoy puede, en ocasiones, costar más caro después.


*Artículo publicado originalmente en Carta Capital