08 marzo, 2015

Brasil: Otro sistema alimentario para garantizar alimentos saludables


ANA PAULA BORTOLETTO, nutricionista e investigadora del Instituto Brasileño de Defensa del Consumidor (Idec) escribe sobre el preocupante escenario brasileño que enfrentan los consumidores para acceder a alimentos saludables.


La cara positiva de la moneda es que Brasil, escribe Ana, "está dando pasos hacia un patrón de consumo cercano a los países 'desarrollados', pero aún tiene un sistema alimentario en el que el 70% de las elecciones de alimentos se basan en alimentos frescos y comidas preparadas a base de estos ingredientes". 

Ese es el gran patrimonio de los brasileños y por el cual Idec se encuentra trabajando.

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La ‘Alimentación Saludable’ es el tema del Día Mundial de los Derechos del Consumidor 2015 y la campaña de Consumers International (CI) para esta fecha busca que la OMS elabore una Convención Global para protegerla y promoverla.

La elección de este tema fue muy oportuna, y para el Instituto Brasileño de Defensa del Consumidor (Idec) representa la renovación de un intenso ciclo de trabajo sobre la influencia de la regulación de los alimentos en las enfermedades crónicas no transmisibles (ENT) y sobre la ampliación del acceso a lós alimentos orgânicos y agroecológicos en Brasil.

La garantía de los derechos de los consumidores como clave para asegurar el derecho a la alimentación saludable y sustentable es una de las líneas prioritarias de acción de Idec y gana aún más fuerza con el debate que se instala a nivel mundial.

Brasil está incluido entre los muchos países en los que hay un aumento significativo de las enfermedades crónicas relacionadas con la alimentación poco saludable, como la obesidad, la diabetes y la hipertensión, y que a pesar de algunos avances, todavía está lejos de tener esta epidemia bajo control.

El aumento del consumo de alimentos ultra procesados y la reducción del consumo de alimentos frescos o mínimamente procesados se producen paralelamente al crecimiento de las enfermedades crónicas no transmisibles (ENT).

Preocupante escenario

En Brasil, el aumento de la ingesta de sodio y azúcar, por ejemplo, proviene del aumento del consumo de alimentos ultra procesados; y ya tenemos estudios que muestran esa misma relación con el aumento de la obesidad y el sobrepeso en el país. Es un escenario muy preocupante, pero que aún así está lejos, afortunadamente, de los niveles de Estados Unidos y Canadá, por ejemplo.

Mientras que en Brasil, en 2009, la participación de alimentos ultra procesados en La alimentación brasileña era casi de un 30%, en estos otros países este valor supera el 60%.

En otras palabras, Brasil está dando pasos hacia un patrón de consumo cercano a los países "desarrollados", pero aún tiene un sistema alimentario en el que el 70% de las elecciones de alimentos se basan en alimentos frescos y comidas preparadas a base de estos ingredientes. Esto significa que tenemos que reflexionar sobre las soluciones adoptadas por aquellos países, pero también tenemos que pensar en estrategias nacionales que aún pueden impedir que Brasil siga el mismo rumbo.

Siguiendo de cerca los debates en el escenario brasileño sobre la regulación de los alimentos, incluida la cuestión del etiquetado, la regulación de la publicidad y la reformulación de los productos industrializados, Idec considera que, a pesar de los esfuerzos de algunos sectores del gobierno, los cambios suceden a un ritmo demasiado lento.

Los acuerdos voluntarios para reducir el sodio son un ejemplo profundamente estudiado por Idec. El proceso de decisión sobre el tema se llevó a cabo sin la participación de la sociedad civil y con un débil sistema de monitoreo, provocando como resultado metas de reducción tímidas e insuficientes para producir impactos positivos en la salud de población. Incluso si hubiera sido exitosa, esta medida es apenas una "reducción de daños", dado que los alimentos reformulados siguen siendo ultra procesados y, por lo tanto, deben evitarse. 

Etiquetado y publicidad

La revisión de las normas de etiquetado y la regulación de la publicidad de alimentos tienen otros obstáculos.

Existen varios organismos responsables de la regulación de los alimentos en el país que a menudo establecen reglas que son contradictorias o incompletas. El actual etiquetado de los alimentos no ofrece información clara y fácil a los consumidores. Además, para hacer cualquier cambio en el etiquetado de los alimentos es necesaria la aprobación por consenso entre todos los países del Mercosur, haciendo el proceso de revisión extremadamente lento y burocrático. 

Sobre la regulación de la publicidad de alimentos, la lentitud está garantizada con el interminable debate sobre quién tiene la competencia legal para hacerlo. La única tentativa de regulación por la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria (ANVISA) está en suspenso en los tribunales desde hace cuatro años, y las numerosas propuestas de regulación presentadas en el Congreso Nacional están lejos de ser prioridad para la bancada de Diputados electa en 2014, considerada la más conservadora después de la dictadura. 

Paralelamente, estamos acompañando acciones para la recuperación de la agricultura familiar, estimulando la producción de alimentos orgánicos y agroecológicos y la protección de los hábitos alimentarios tradicionales que forman parte de nuestra cultura.  

La misma lentitud se observa en estos casos porque los incentivos que se ofrecen a la agroindustria, la producción extensiva y a gran escala que utiliza agrotóxicos y semillas genéticamente modificadas son superiores a los incentivos ofrecidos a los agricultores familiares y a la protección de cultivo de alimentos regionales y tradicionales. 

¿Quién se beneficia? 

A primera vista estos temas pueden parecer distantes, pero en realidad tienen mucho más en común de lo que uno se imagina.

Basta hacer una sola pregunta: ¿Quién se beneficia de esta situación? La respuesta para todos los casos es la misma: las grandes empresas transnacionales de alimentos y del agronegocio que tienen el poder de influir desde un mero proceso de revisión de etiquetado hasta incluso el resultado de una elección presidencial, considerando que los principales financiadores de la campaña electoral de 2014 en Brasil fueron las empresas alimentarias o del agronegocio.

Las industrias alimentarias transnacionales y las empresas del agronegocio están siempre unidas en la defensa de un sistema en el que los alimentos saludables y sustentables sean privilegio sólo para quienes puedan pagar un alto precio por ellos, mientras que la mayoría de la población es impulsada a consumir alimentos ultra procesados.

Para cambiar este escenario, que tiene similitudes con varios países de América Latina, es fundamental el fortalecimiento y la articulación entre las organizaciones de la sociedad civil y los movimientos sociales em favor de una alimentación saludable. Afortunadamente esto ya está ocurriendo en Brasil y em otros países.

Otras acciones importantes son el intercambio de experiencias exitosas y las posibles soluciones.

Brasil puede hacer mucho con la experiencia de la publicación de la nueva guía de alimentación para la población brasileña en 2014, que presenta un enfoque más amplio.

Idec apoya y corrobora la posición de CI acerca de la necesidad de una Convención Global que asegure el compromiso de los gobiernos en la protección y la promoción de alimentos saludables. Un solo país tendrá dificultades para cumplir con los retos y el fuerte lobby de la industria, sin embargo la exitosa experiencia respecto del tabaco muestra la relevancia del establecimiento de una Convención para la superación de esos obstáculos.

¡Un sistema alimentario que garantice el acceso a alimentos saludables y sustentables para todas y todos es posible y necesario! Únase a nosotros para fortalecer esta campaña!



Referencias:


- Publicação do Idec “Rotulagem dealimentos e doenças crônicas” (em português e inglês)
- Artigo: Ultra-Processed Food Products andObesity in Brazilian Households. Daniela Silva Canella e colaboradores.